jueves, 16 de noviembre de 2017

Maquetas en relatos y películas & III



En las dos entregas anteriores vimos maquetas ferroviarias utilizadas para caracterizar a sus propietarios, y maquetas que eran como mundos paralelos donde se refugiaban los personajes. La tercera y última parte la dedicaremos a maquetas que tienen una clara función de metáfora, sea de algún personaje, sea del mundo en que éste vive.

Un ataque a la maqueta de alguien es como una agresión a su persona, mucho más que una arremetida contra su mascota o contra su coche. Es algo parecido a lo que ocurre con los jardines. Maquetas y jardines acumulan muchas horas de dedicación y es inevitable que su constructor proyecte en ellos su personalidad y sus sueños; si los bonsáis acaban tomando la forma del alma de su cuidador, las maquetas son una imagen del mundo tal y como lo quisieran sus dueños.

En la película Život je čudo (2004, La vida es un milagro) de Emir Kusturica, el protagonista es un ingeniero ferroviario que sueña con convertir en atracción turística una rama secundaria. La Guerra de los Balcanes hace su empresa imposible, pero él sigue trabajando, tanto en el trazado real como en su maqueta. Su mujer se enfada cuando el hijo es llamado a filas y se marcha. Los milicianos dejan a su cargo una mujer rehén. La relación que ambas mujeres tienen con el ingeniero pasan por la maqueta: la mujer la ataca cuando se enfada, la rehén se apasiona con ella cuando se enamora de su dueño.

Más allá están las vías. Relucen como nervios estirados y chispeantes entre piedras gastadas. El paso subterráneo al otro anden rebozado de baldosines emblanquecidos por un neón que se agota en un cartel borrado e inútil.
Esta magnífica descripción pertenece al relato breve Papá Noel de Julio Frisón (1993). La voz narrativa describe con todo detalle una estación que acaba siendo la de una maqueta que un padre emocionado enseña a manejar a su hijo. En este caso es, para el padre, metáfora del pasado que ya no volverá.

Mucho más calado tiene la maqueta que aparece en la película Europe (1991, Europa) de Lars von Triers, toda ella de interés ferroviario. Asistimos a los problemas de Leopold Kessler, un americano de origen alemán que acude al Berlín ocupado para trabajar de conductor de coche-cama; en su decisión hay mucho de deseo de reconstruir el país, pero será seducido por Kat, la hija del empresario ferroviario Max Hartmann, e implicado en las acciones de los partisanos nazis. Kat le muestra a Leopold una magnífica maqueta ferroviaria que Max le regaló a su hijo Larry, pero que éste no ha usado nunca. La maqueta es como una metáfora de la Alemania nazi, Max ha mirado siempre el país como si de una maqueta ferroviaria se tratara y ha actuado en todo momento en consecuencia a su visión, colaborando primero en la deportación y ahora con los ocupantes americanos. En una escena cargadísima de significado, la del fotograma que abre esta entrada, Kat y Leopold se aman por primera vez sobre la maqueta y cuando Max se suicida en el piso de arriba abrumado por sus contradicciones, el tren de la maqueta descarrila.

La más demoledora de las películas con maqueta es el telefilme alemán Liebe, Tod und Eisenbahn (1989, Amor, muerte y trenes) dirigido por Gert Steinheimer. Una pareja joven se muda a un edificio de apartamentos propiedad de un matrimonio mayor. Se supone que el hombre ha abandonado su afición a los trenes de miniatura, una adicción que, según su esposa, puede acabar con cualquier matrimonio. “Estos trenecitos… son monstruos,” le dice la experimentada a la joven, “destruyen matrimonios en unos pocos instantes. Yo le seguí el juego durante más de cuarenta años, hasta que un día, por fin, se me acabó la paciencia. O yo o estas locomotoras eléctricas, que se definiera. Fue entonces cuando se deshizo de toda esta basura, pero, aun así, no ha quedado curado.” Pero el casero conserva una maqueta oculta en el techo: “Esta maqueta la construí en el invierno del ochenta y cuatro, mi mujer estaba en el hospital debido a sus cálculos renales. No ha logrado descubrirla. Ahora vivo esperando sus próximos cálculos renales”. A base de regalarle un equipo básico, el casero inicia al joven esposo en la afición. Éste se deja absorber tanto por los trenecitos, que acaba perdiendo la apetencia sexual por su mujer. Ella intenta aficionarse a los trenes y busca todo tipo de maneras de seducirle y ponerle celoso, pero todo es en vano y la historia deriva hacia un truculento final que parece inspirado en el de Small Town (La maqueta) de Philip K. Dick.


Si en La vida es un milagro la maqueta era metáfora de los desencuentros con la mujer i los encuentros con la rehén, ahora lo es del hastío del matrimonio mayor y de los problemas de una joven pareja que tienen poco en común.

En definitiva, las inofensivas maquetas son mucho más que un diorama, vías, trenes i tecnología de control, pueden ser la representación del paraíso o, como decía la casera, monstruos.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Maquetas en relatos y películas II


Si en Les scrupules de Maigret o en Addams Family las maquetas ferroviarias eran utilizadas para caracterizar a sus propietarios como personas un poco infantiles, excéntricas o poco sociables, su uso es algo distinto en las historias en las que la maqueta es el refugio de un personaje, aunque las fronteras en el arte siempre son un poco difusas y las maquetas pueden cumplir diversas funciones dramáticas.

Philip K. Dick, el autor de ciencia-ficción que ha escrito textos imprescindibles como Minority Report o ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (Blade Runner), publicó en 1954 el relato de fantasía Small Town (La maqueta). El protagonista es un hombre desesperanzado, harto de su trabajo sin proyección, que se refugia cada noche en el sótano de su casa donde tiene una inmensa maqueta ferroviaria que reproduce su ciudad hasta el mínimo detalle. El día que se despide de la empresa y, al llegar a mediodía a casa, encuentra a su mujer en brazos de su médico, baja al sótano y empieza su trabajo definitivo en la maqueta: transformar la ciudad a su gusto, huir a ella y arrastrar tras de sí aquellos de los que quiere vengarse. En un momento del relato, la mujer lleva al doctor al sótano para mostrarle la maqueta y mantienen este diálogo:
–Me parece que no falta nada (del pueblo) –comentó Madge–. ¿Te imaginas a un hombre adulto jugando con trenes a escala?
–Potencia. –Tyler empujó una locomotora por la vía–. Por eso atrae a los chicos. Los trenes son objetos grandes. Enormes y ruidosos. Símbolos de la potencia sexual. El niño ve el tren corriendo por la vía. Es tan inmenso e inhumano que le asusta. Después, le regalan un tren de juguete. Lo controla. Lo obliga a moverse y a parar, a correr y a frenar. Él lo gobierna. El tren responde a sus indicaciones.
El propio Dick escribió a propósito de este relato: “El protagonista inicialmente aparece como el prototipo del ser humano impotente, pero esto oculta un impulso en su interior que es todo menos debilidad. Es como si estuviera diciendo: "La persona puesta en peligro puede ser muy peligrosa".


Más calado psicológico tiene la obra del escritor inglés Dennis Potter, autor de los guiones del telefilme Schmoedipus (1974) y de su posterior versión para la gran pantalla Track 29 (1988, Ruta 29). El protagonista masculino es un médico que se refugia en su maqueta ferroviaria para no atender a su esposa. La mujer está desequilibrada y lleva una vida tediosa y nublada por el alcohol hasta que llega un joven extraño que dice ser el hijo que tuvo de adolescente y que dio en adopción. Entre la mujer y el joven se establecerá una relación que oscila entre el reencuentro y el incesto. En un momento dado, ella cultiva la fabulación de destruir la maqueta ferroviaria del marido, un acto que sería el contrapunto a una declaración de éste: “Si algo he aprendido bien es que las mujeres y los trenes no combinan”.

Adentrándose también en el terreno de la fantasía, Jaime de Armiñán publicó en 1988 el relato Morse, pólvora, carbonilla y sándalo. Un vigilante del museo de ferrocarril oye como se dispara un viejo aparato de morse y para descifrarlo, consulta un antiguo empleado ferroviario. El mensaje es de un hombre que, a disgusto con el mundo y con su familia, se hizo pequeño, se metió en su tren eléctrico, se dirigió a a Shanghai para salvar a Shanghai Lily y se quedó atrapado en él.


Un cobijo mucho más entrañable es el que ofrece la maqueta del protagonista de la película Rails & Ties (2007, Railes y lazos). Un maquinista de tren arrolla en un paso a nivel el coche de una mujer que quiere suicidarse junto con su hijo, aunque éste puede saltar del automóvil en el último momento. La mujer del maquinista muere de cáncer. Viudo y huérfano superan su dolor y salen de su aislamiento cuando la maqueta de tren del maquinista sirve de lugar de encuentro entre los dos. La afición ferroviaria deviene terapéutica.


Para compensar un panorama tan triste, puede invocarse el relato Train miniature (2012) de Roger Riba, incluido en el volumen colectivo Oséz... 20 histoires érotiques dans un train. Un joven descubre que en los andenes y en los convoyes de la maqueta que tiene su tío en una caseta en el fondo del jardín, unos pequeños seres humanos a escala practican todas las modalidades del sexo. Cuando se acerca más todavía al tren en miniatura, va a parar dentro de él y puede unirse a la fiesta. Cuando el tío muere, él hereda la maqueta y corre a tomar posesión de ella, pero su magia ha desaparecido con su dueño.


En algunos de los casos citados, la maqueta donde se refugia el personaje acaba convirtiéndose en una metáfora del mismo a los ojos de terceros. Le ocurre al protagonista de Track 29, pero veremos casos mucho más evidentes.

lunes, 16 de octubre de 2017

Maquetas en relatos y películas I


Las maquetas ferroviarias también tienen un lugar en la literatura y el cine al lado de sus referentes reales. Hay pocos, aunque notables, textos o cintas ambientados íntegramente en una maqueta o alrededor de ella, pero sí una gran cantidad de obras en las que tienen una aparición relevante desde el punto de vista argumental o de caracterización de los personajes.

Leyendo un texto o visionando una película, cabe preguntarse qué aporta la maqueta a la historia o cuál ha sido la intención del escritor o del director al utilizarla, y casi siempre la respuesta se inscribe en alguno de los casos siguientes:

La maqueta se usa para definir o caracterizar a un personaje
Es la encarnación de alguno de los caracteres a ojos de un tercero
Es una metáfora del mundo
El diorama es un mundo paralelo donde se refugia el personaje
La circulación en la maqueta es un correlato de la acción principal

La primera película en la que se utilizó una maqueta para que el espectador se hiciera una idea del carácter de uno de los personajes es probablemente Four’s a Crowd (1938, Cuatro son multitud) dirigida por Michael Curtiz. La maqueta que el multimillonario tiene en el jardín de su mansión y su dedicación a ella nos lo define como excéntrico, diletante y competitivo. Es deliciosa la escena de la carrera entre el convoy con locomotora de vapor del odioso potentado y el tren aerodinámico del protagonista, eléctricos los dos sobre las típicas vías de tres raíles de las maquetas americanas de aquella época.


Algo parecido ocurre, ahora en el terreno literario, con Les Scrupules de Maigret (1958, Los escrúpulos de Maigret) de George Simenon. El jefe del departamento de juguetes de unos grandes almacenes parisinos le cuenta a Maigret su sospecha de que su mujer planea envenenarlo. Por su parte, la esposa del vendedor también va al encuentro del comisario para explicarle que cree que su marido está sufriendo delirios. Simenon hace que el vendedor tenga una maqueta en su casa para reforzar la idea de que el hombre es un acomplejado:
El hombre tenía necesidad de asegurarse. Y necesitaba asimismo demostrar a los demás que no era un ser inferior, y trabajaba con ahínco para convertirse en un as indiscutible en su especialidad. ¿Acaso no se consideraba en su fuero interno algo así como el Rey del Tren Eléctrico?
(…)
¿Pero acaso los trenes eléctricos, de los que no sólo se ocupaba en los grandes almacenes, sino también en su estudio de la avenida de Châtillon, no respondían bastante bien a «aquel mundo de ensueño», a «aquel mundo cerrado (de los sicópatas)? »
Existen varias versiones para la televisión (1960, 1976, 1992, 2004) y en todas ellas se utiliza el recurso de poner en relación la maqueta con la psicología del marido.


El director John Ford utilizó una maqueta en Donovan's Reef (1963, La Taberna del irlandés) para caracterizar a Thomas Gilhooley, el personaje interpretado por Lee Marvin, uno de los dos amigos ya retirados del ejército que pasan su tiempo en la taberna intentando distraerse de la monotonía de la vida tropical. Para que pensemos que Gilhooley está un tanto pirado y desconectado del mundo, le vemos evadirse con su tren eléctrico, incluso, o especialmente, cuando le hablan de matrimonio.


Cerraremos la relación con los Addams. En el primer episodio de la serie The Addams Family (1964, La familia Addams), la singular manera de ser de Gómez se pone de manifiesto con la ayuda de una maqueta de tren. Cuando recibe la visita del director de la escuela de sus hijos, Gómez no levanta los ojos del tren que está circulando, toma un detonador y vuela el puente por donde pasa; sólo entonces entabla conversación con el director.

En la versión cinematográfica de 1991, la familia se da cuenta de la preocupación de Gómez por su hermano Fétido cuando lo oyen poner en marcha su tren eléctrico. Desde el salón, Morticia y sus hijos identifican la gravedad de su estado de ánimo por las operaciones ferroviarias: “¡Oh, no! Padre está jugando con sus trenes.” “¡Está usando el diésel!” “El puente cubierto.” “¡La curva del muerto!”.

  
Parece desprenderse de las obras citadas que los propietarios de maquetas de trenes son personas un poco infantiles, excéntricas o poco sociables; algo de eso hay en el imaginario literario y cinematográfico. El panorama cambiará mucho cuando hablemos de la maqueta como metáfora del mundo.

domingo, 1 de octubre de 2017

El tren como metáfora política


En muchas ocasiones, los hechos como los que tiene ocupada la prensa internacional en el día de hoy acaban en las viñetas de los humoristas gráficos utilizando el tren como metáfora. Es el caso de la que encabeza esta entrada, dibujada por Ferreres en el diario El Periódico del 6 de septiembre de este año. El mismo Ferreres ya había utilizado el símil ferroviario para el mismo tema con anterioridad.



El anterior presidente del Gobierno también tuvo su viñeta con tren el 12 de octubre de 2008, en aquel caso un tren a punto de atropellarle. El guion era de A. Faro y el dibujo de C. Da Col.


De los trenes en marcha que encarnan una amenaza política tampoco se salvó el anterior presidente de los Estado Unidos. En The Columbus Dispatch de diciembre de 2008 así se hacían previsiones sobre su futuro de la pluma de Jeff Stahler.


Nuestros vecinos europeos tampoco se quedan cortos y la cancillera alemana es la que se lleva la palma.







Dedicado a las 844 víctimas de la violencia indiscriminada, injustificada e injustificable que el estado ha desencadenado hoy en Cataluña

sábado, 16 de septiembre de 2017

Dos locomotoras simbólicas en el centro de Barcelona


En la ciudad de Barcelona, como en todas las ciudades del mundo, los edificios cambian de uso conforme evoluciona la economía. Es el caso de dos sedes bancarias que han cerrado sus ampulosas oficinas para dar cobijo a nuevos negocios. La que había sido, en la céntrica plaza de Catalunya, la mastodóntica sede del BBVA, es ahora una macrotienda de la cadena de ropa Zara. Unos cientos de metros más arriba, en el lujoso paseo de Gràcia, la antigua sede del BHA alberga desde hace pocos años uno de los hoteles más exclusivos de Barcelona, el Oriental Mandarín.

Al construirse, ambos edificios fueron adornados con obras de arte: con pinturas murales la escalera del primero, con bajorrelieves la fachada el segundo. Eran ilustraciones que pretendían transmitir a los clientes un mensaje de solvencia y fortaleza e informarles de las actividades económicas en las que tenían intereses.


En 1952, cuando se construyó en la plaza de Catalunya la que sería la sede del Banco de Bilbao, se encargó al pintor Miguel Farré un mural pintado al fresco que decorara toda la caja de la escalera noble. Lo tituló Fundación del Banco; la Industria, la Agricultura y el Comercio en el mundo, y contiene escenas de comercio y administración, de producción agrícola, minera, forestal e industrial, y de medios de transporte, entre los que podemos ver una locomotora amarilla. Es una máquina muy estilizada y magnificada, que recuerda a las grandes locomotoras diésel que por aquellos años cruzaban los estados unidos de costa a costa; sobre ella vuela un avión a reacción. En 2016 se abrió en el edificio la macrotienda de Zara y la pintura mural puede ser observada libremente.


Fue en 1955 que el Banco Hispano Americano le encargó al arquitecto Manuel Ignacio Galíndez que proyectara su nueva sede en el paseo de Gracia. Al igual que sucedió can la sede del banco citado anteriormente, se optó por un diseño austero, racionalista y que reportara a las ideas de seguridad y solidez que tanto le convienen a una entidad bancaria. La decoración de las tres puertas se encargó al escultor Frederic Marés, que realizó unos bajorrelieves en granito con figuras alegóricas: industria, comercio, agricultura, minería, etc. En el dintel de la puerta de la izquierda, junto a un barco, aparece una locomotora de vapor arrastrando unos coches bajo el vuelo de un reactor, una idea parecida a la pintura mural de Farré. En 2009 se remodeló el interior para alojar al hotel de la cadena de Hong Kong y se conservó la fachada con los bajorrelieves.

viernes, 1 de septiembre de 2017

Terror esotérico, paradojas temporales y trenes


El escritor Lluís Rueda ha publicado una nueva novela, Paradoja en Renfield Street (Editorial Hermenaute 2017), que nos devuelve a dos escenarios que le son muy queridos, Escocia y Japón, donde ya ha ambientado obras anteriores. En esta novela de género fantástico, de terror esotérico y paradojas temporales, aparecen dos pasajes con viajes en tren.

Los protagonistas huyen de los fenómenos paranormales y de los monstruos que les amenazan en Glasgow con “un tren first class pensado para jubilados a tiempo completo”, es decir un tren histórico con usos turísticos. Así se describe la primera toma de contacto:
Cuando encaró el andén de la vía número 6 y vio el medio de transporte que les sacaría del centro de Glasgow no pudo más que persignarse y encomendar su alma a San Andrés. Aquel amasijo de hierro y remaches resopló ante él como un viejo elefante herido. La fiereza del morro impresionaba, desde luego, pero le costaba creer que una locomotora de vapor pudiera alcanzar la velocidad suficiente como para que aquella horda de bhampair no les importunara lo más mínimo. Se trataba de una vieja máquina de vapor modelo Bristol Castle puesta al servicio de una serie de coches paisajísticos.
La 4082 Winsord Castle
La locomotora escogida por el autor es, ni más ni menos, que la mítica 7013 Bristol Castle, con la que se toma la licencia literaria de considerarla preservada en el año 2000, el de la acción. La historia de la locomotora es interesante. Se trata de una 2-3-0 (4-6-0 en notación británica) de Great Western que estaba al servicio de la familia real con la denominación 4082 Winsord Castle. Cuando murió el rey Jorge VI en 1952 la locomotora estaba de reparaciones y, para no romper la tradición, se tomó la 7013 Bristol Castle y se intercambiaron las placas entre las dos máquinas para hacer el servicio del tren fúnebre. Celebrado el funeral, solo se cambió de locomotora la placa conmemorativa, de manera que la 4082 Windsord Castle y la 7013 Bristol Castle permutaron su denominación hasta mediados de los años 60, en que fueron desguazadas. Se conservan fotografías y documentación de ambas y la 7013 es muy popular entre los miniaturistas.

Miniatura de la 7013 Bristol Castle
Durante su recorrido, los protagonistas viven todo tipo de aventuras contra hordas de monstruos y contra un vampiro, pero van acomodados en coches de lujo: 
El coche de cola Lothian poco tenía que envidiar al exquisito y funcional Northumberland que dejaban atrás. En lugar de butacas, segmentadas en islas para cuatro personas, se encontraron tres amplios espacios. Había sillones situados alrededor de grandes mesas rectangulares de ángulos cuadrados y patas torneadas. Amplios biombos tapizados de terciopelo separaban las estancias en las que abundaban brocados y telas bordadas para conformar una mantelería exquisita sobre la que se distinguían bellas lámparas de porcelana. Una alfombra oriental se extendía desde la entrada hasta uno de aquellos biombos del que surgió una neblina de humo de tabaco tan caprichosa que a Andy le pareció el órgano de una catedral. Todo en aquel coche tenía algo de mágico y atemporal.
Ésta y otras descripciones del viaje y del material dan fe del interés del autor por los ferrocarriles, que también asoma en otras de sus obras. Es habitual que en las novelas del género que nos ocupa aparezcan locomotoras de vapor, pero lo que resulta absolutamente original es que, situados ya en Japón, los protagonistas utilicen una locomotora Plasser & Theurer destinada al servicio de reperfilado de railes. Así es descrita la máquina en cuestión:
Camuflada por un grupo de plantas trepadoras que surgen de un muro de ladrillo rojo hay una máquina de tren expectante. Al fin entiende el plan de Nathaniel, de algún modo sabía que podía haber un tipo de transporte de esas características en las inmediaciones de la gran estación. La locomotora, una tanqueta amarilla imponente, se halla bajo una farola vencida por extrañas legañas e insectos; se trata de una máquina de mantenimiento: una Plasser & Theurer diseñada para reperfilar vías.
(...)
—¿En qué se diferencia de una máquina, de una locomotora normal?
—En nada, Grainger —contesta Nathaniel mirando las catenarias en un gesto prospectivo—, absolutamente en nada. Esta Plasser & Theurer, si no está averiada, correrá como un jodido bólido de carreras.
Bogface tarda exactamente un minuto y veinte segundos en abrir la puerta, que cede limpiamente.
Tras abrir la luz de los paneles de la cabina operadora, les parece el lugar más reconfortante de la tierra. Bogface se siente en su interior como si acabara de aterrizar en el camión acorazado de Mad Max 2 y Ed Grainger, menos impresionable, se acurruca en un asiento abatible lateral, a la espera del milagro de Nathaniel. El agente literario se encuentra cómodo, si la cosa va bien no descarta echar una cabezadita.
La mujer encara los dos monitores, respira profundamente y enciende el generador eléctrico mediante un pulsador. Bogface aguarda conteniendo el aliento. El segundo intento es el bueno, la máquina está en marcha; Nathaniel toma el asiento acolchado del maquinista y echa un vistazo, localiza el botón rojo de freno, el negro de emergencia que conecta con los motores de las ruedas y divisa el inversor para ir marcha atrás. Le parece que todo está donde debe estar y es momento de echar la palanca de aceleración hacia abajo. Alcanza el punto uno y, tras una vibración poderosa, la máquina comienza a moverse. La locomotora va acelerando a medida que su mano baja la palanca, pero sabe que debe reducir hasta que encaren la vía principal. Se sitúa progresivamente hasta el punto cinco y, para cuando quieren darse cuenta, el cruce de vías ya les ha situado en dirección Okachimachi.
Una Plasser & Theurer trabajando para Japan Railways
En definitiva, una novela de género fantástico en la que el aficionado a los trenes se encontrará con interesantes escenas de acción ferroviaria, episodios en estaciones y fascinación por el ferrocarril. Aquí hemos ofrecido sólo una breve muestra.

Lluís Rueda en 2017

miércoles, 16 de agosto de 2017

Alabanza desmedida al ferrocarril (1882)


En 1882 se convocó en Vilanova i la Geltrú (Barcelona) un certamen literario "con motivo de los festejos con que solemnizó esta villa la inauguración de los ferrocarriles directos de Madrid y Zaragoza a Barcelona en la sección comprendida entre esta capital y Villanueva".
Las bases preveían premios para las secciones de biografía, poesía de tema libre, oda al ferrocarril y memoria. Concretamente, el apartado IV de las bases decía:
IV. El Centro Artesano de Villanueva ofrece un ejemplar lujosamente encuadernado de la magnífica obra titulada: Chiefs-d’OEuvre d’Art á l’Exposition de 1878, al autor de la mejor Memoria enumerando las ventajas que les vías férreas proporcionan á la sociedad, coadyuvando eficacísimamente al progreso de la civilización en todos sus ramos.
El galardón lo ganó Augusto de Bilbao con el trabajo Memoria sobre las ventajas de los ferrocarriles.

La obra es un texto farragoso, exhaustivo y lleno de cifras, de interés sin duda para los estudiosos de la historia del ferrocarril, que pone de manifiesto la certeza que se tenía por aquellos años en los círculos liberales de que el ferrocarril estaba ligado al progreso y que, sin duda alguna, traería toda clase de beneficios a la sociedad. En esta línea de pensamiento, Augusto de Bilbao no se quedaba corto:
II 
El carril de hierro es el Libertador de la esclavitud, de la servidumbre, del despotismo y de la ignorancia, el gran propagador de todas las libertades. 
El carril de hierro es el armonizador de las desigualdades sociales; el nivelador de los precios del trabajo y del capital, de la producción y del consumo; el asimilador de clases, estados y razas, promoviendo las uniones y confederaciones políticas y económicas; el gran pacificador universal; y por fin, sino el más, uno de los instrumentos más poderosos de la cultura y riqueza, de la civilización y progreso del siglo en todas las humanas manifestaciones.
El texto introduce también la que será una constante en nuestro país: el compararnos con otros países y establecer un vínculo entre protección del ferrocarril y salud democrática.

III
Casi puede decirse que el camino de la libertad y el de la locomotora se explanan y asientan paralelos, y al mismo tiempo si no son un solo y mismo camino.
El país más instruido políticamente ha de ser, aun á despecho de grandes dificultades físicas, el que construya más ferrocarriles: la pequeña y montañosa Suiza lo evidencia. El país que posea más ferrocarriles será el más instruido.
Bélgica, Inglaterra y los Estados Unidos, donde funciona el sistema representativo más antiguo y más religiosamente, constituyen la vanguardia del movimiento civilizador de locomotoras, vagones y carriles. 

domingo, 30 de julio de 2017

Maquetas con erotismo, en HO y N


La maqueta de un aficionado es una proyección tanto de sus preferencias ferroviarias como de su personalidad. El primer aspecto es el que nos permite disfrutar de dioramas fascinantes que nos trasportan a los lugares más diversos, desde una instalación minera leonesa a los trenes de montaña suizos, o desde una instalación portuaria a los accesos de cualquier ciudad del mundo. Es muy fácil recrearse en estas maravillas con sólo buscar en Youtube y similares las filmaciones que cuelgan los propios maquetitstas. El segundo aspecto, es decir, cómo la personalidad del constructor de la maqueta queda reflejada en ella, es más interesante si cabe. Las cualidades de cuidadoso, detallista, equilibrado, riguroso, historicista, etcétera y sus contrarias impregnan siempre las realizaciones de los aficionados. Al igual de lo que se dice de los jardines, una maqueta nos dice mucho del hombre o mujer que la cultiva.

Algunas maquetas contienen elementos eróticos. Suele tratarse de figuras humanas tomando el sol, practicando nudismo o en actitudes amatorias; que su acción sea más o menos fogosa y que estén en primer plano o escondidas en un lugar remoto, nos dice mucho de las preferencias i personalidad de quien las ha querido integrar en su diorama.


Existen varias empresas que venden figuras eróticas en escala HO y N. Preiser, Busch, Viessmann y Noch son quizás las más populares.

 

En una entrevista al periódico TheMirror, la encargada de una tienda de maquetismo británica decía, a propósito de estas figuras, que "las compran todo tipo de clientes, tanto para maquetas privadas como públicas. La gente puede pensar que los modelistas son gente aburrida, pero no lo son."


El hecho de que los fabricantes de estas figuras sean alemanes, lleva a la encargada a reconocer que, en este aspecto, los germanos son más abiertos que los británicos. Una curiosidad final: la figura más vendida en su tienda es una pareja de cerditos en plena faena. Debe ser por aquello de dar ambiente rural a la maqueta.
He aquí una muestra de estas figuritas formando composiciones, que deben imaginarse dispuestas en campos y prados junto al trazado de las vías... 




... o, como estas, en el interior de casas levemente iluminadas para que no sean facilmente vistas por el observador:

Y para acabar, he aquí un video de un convoy realizado por unos aficionados mexicanos en el que, en cada coche, hay una escena erótica. La filmación se realizó en 2009 en la maqueta modular del Club Amigos del Ferrocarril División Queretaro

lunes, 17 de julio de 2017

Cromos de tabaco con trenes


Hubo un tiempo en que las tabletas de chocolate contenían cromos, los había de las más diversas temáticas, aunque los deportes, especialmente el fútbol, y la historia natural eran los más comunes. Pero no sólo los fabricantes de chocolate los utilizaron para fidelizar a los clientes, en el mundo anglosajón algunos fabricantes de productos de tabaco también los utilizaron. Compañías tabaqueras como la canadiense Imperial Tabacco Company o las británicas Lambert & Butler, Taddy & Cº o Churchman también utilizaron este recurso. Editaron series de varios temas, incluido el ferroviario. La mayoría son de locomotoras o de convoyes, pero también los hay con explicaciones del funcionamiento de las máquinas, sobre los servicios postales o sobre señalización e infraestructuras. Estos cromos de los años 20 y 30 del siglo pasado son muy apreciados por los coleccionistas.